Caminos equivocados
- Bea Flores y María Marzo
- 22 nov 2017
- 9 Min. de lectura

Esta es mi primera historia original. Es un fanfic de Harry Potter, más en concreto, sobre su hija pequeña Lily. En él se descubrirá que Lily no fue a Gryffindor como su padre, sino a la odiada casa de Slytherin, donde la consideran una traidora de sangre.
Para los que no lo sepáis un fanfic es una historia alternativa que se basa en una saga, un grupo de música o, realmente, en lo que quieras. Lo tenéis también muy bien explicado en está página web.
La historia está subida también a mi cuenta de Fanfiction, una web súper chula que tiene un montón de fanfics organizados por temas y argumentos, junto con un montón de otras muchas, por si os apetece echarles un vistazo. A partir de ahora vamos a subir historias nuestras también a la web para darle más vidilla y podáis opinar. También más adelante pensamos subir algunos poemas de nuestra amiga Bea. Esta historia está pensada para más capítulos, si os gusta nos podéis comentar por las redes sociales o por correo que os ha parecido y si queréis saber la continuación.
Esta historia está dedicada a todos los seguidores de la saga que como yo han hecho mil cuentas en Pottermore, que han comprado todo el merchandising posible de Harry Potter y que han imaginado en sus cabezas esas miles de historias alternativas.
Capítulo 1: Caminos equivocados
¿Por qué la gente se equivoca y siempre hace lo que es peor para ella? Las personas a veces tenemos un imán para las malas decisiones, pero es que a veces es inevitable. Simplemente te encuentras en una encrucijada y decides tomar el camino oscuro, difícil y que es imposible que acabe bien. Solo por diversión por aburrimiento o, como yo, porque un sombrero te dijo que era tu sitio.
A mis once tiernos años no sabía nada de la vida: era dulce, curiosa y me gustaba jugar al quiddicht por diversión. Sin embargo las pautas que me llevaron al camino oscuro estaban ahí, casi indetectables. La primera y más importante era que no me caían bien mis primos, realmente, los odiaba. Era la pequeña de una familia demasiado numerosa, no me gustaba tanto bullicio y para que mentir, que la gente no me hiciera caso. Era como los demás, pelirroja, pecosa, ojos marrones y traviesa. No me gustaba que me confundieran con la marea de primos que tenía; mi hermano Albus parecía odiar que la familia resaltara lo mucho que se parecía a mi padre y lo distinto que era de todos, yo le envidiaba de una forma que debería haber estado prohibida. No es que tuviera nada en contra de él, pero es que parecía tener la facultad de destacar con su sola presencia. Yo en cambio no parecía especial y me molestaba, por lo que creo que sería con ocho años intenté por todos los medios diferenciarme de todos. Eso se tradujo en que dejé de juntarme con mis primos y lo menos posible con mis hermanos. Mis padres se preocuparon bastante y todos dijeron que eran celos porque ellos iban a la escuela y yo no. La verdad es que eso también era; aunque también lo era que los considerara unos idiotas que siempre hablaban de lo mismo: lo genial que era nuestra familia.
En defensa de mis padres y tíos diré que ellos intentaron con todas sus fuerzas alejarnos de todo eso, pero era inevitable darnos cuenta que nuestros padres eran importantes. Salir a la calle y enfertarse a la idea de que eran héroes,, y que los otros niños nos miraban con envidia y nos consideraban mejores solo por nuestro apellido hizo que investigáramos el tema de la guerra e intentáramos saber todo lo posible sobre ello. Así que todos los temas acababan resumiéndose a qué habrían hecho nuestros padres, que nosotros también teníamos que ser héroes y en aprendernos de memoria todas las batallitas. No niego que al principio me gustase, pero con el paso del tiempo se volvió aburrido y tedioso: un montón de niños que hablaban de lo genial que era nuestra casa (Gryffindor), nuestra familia e intentar parecernos a ellos en todos los sentidos. Era como si mi camino ya estuviera elegido (ser como mi madre sobre todo). Todos daban por sentado que era como ella: dulce, traviesa y amante del quiddicht. No entiendo porque no quise encajar en ese mundo, pero deseaba haber sido hija única o al menos no tener tantos primos y familia siempre por casa. Parecía que todos intentábamos competir por sobresalir más y ser más parecidos a nuestros padres, era un concurso y no parecía que fuera a ganar nadie. Siempre he sido muy competitiva, pero ese juego no me gustaba. No me gustaba que me dijeran que me parecía a mi madre, porque la verdad es que el quiddicht era normalita y no le ponía tanta emoción como mis hermanos. Entraba en esa espiral pero ciertamente no tenía otra cosa que vivir; no había otros niños con los que compararme que no fueran mis primos, no tenía otros padres que no hubieran sido los héroes del mundo mágico y no era diferente.
Es posible que pueda parecer muy complicado, a mis once años tener todo esto en mi interior, la verdad es que yo en esa época todo esto no lo sabía, simplemente era la niñita que se empeñaba en no parecer pequeña y que siempre andaba peleándose con los demás. Todas estas reflexiones aparecieron después, después de miles de rayadas y conversaciones. Sin embargo no entendí el momento en el que el sombrero seleccionador me dijo:
“Una Potter, deberías ir a Gryffindor, eres impulsiva pero no como un león… vaya parece que tienes ambiciones ¿verdad?- no supe interpretar eso, creo que no sabía ni lo que era pero que el sombrero me considerara diferente a un león me hizo sentir bien- quieres llegar lejos, cambiar el rumbo… no sé puede ser un gran cambio pero tienes potencial puedes encajar en…”
-¡SLYTHERIN!
Francamente no sé cómo no lo vi venir, pero es que parecía tan imposible que no me lo creí. Me quede sentada y todo el comedor estaba en silencio. Solo comenzó a aplaudir Slughorn que parecía en una nube. Ahí los miembros de Slytherin comenzaron a reaccionar y aplaudieron muy secamente. Yo me dirigí tambaleándome a mi sitio, me senté de espaldas a la mesa donde sabía que estaba toda mi familia mirándome. Sentía un pitido en los oídos y tenía ganas de llorar, pero me obligué a sobreponerme y a decirme que no importaba. Empecé a recordar a mi padre hablando bien de los Slytherins y recordándole a mi hermano que no pasaba nada por ir a esa casa. El corazón comenzó a relajarse y pude levantar la cabeza, la ceremonia había terminado y la directora estaba dando un discurso que no me molesté en escuchar. Mire a los rostros de quienes iban a ser mis compañeros de casa mientras fingían atender a McGonagall.
Sinceramente creo que pude sentir su hostilidad y su miedo, nunca me había sentido intimidada o avergonzada por mi apellido, básicamente porque todos creían que era la más afortunada del mundo. Ahí sentada, en el lugar en el que probablemente hubiera un porcentaje más alto de aversión a los Potter que en ningún otro sitio de toda la habitación me sentí como una impostora y eso me enfadó porque tenía todo el derecho del mundo a estar ahí. No era menos Slytherin por ser yo. En ese instante recordé a mi tía Andromeda, la mujer que consideraba la más elegante de la familia; siempre iba muy bien vestida y no me trataba como la niña pequeña de la familia. Era uno de mis parientes favoritos y nunca me había percatado que había ido a Slytherin. Todos mis compañeros me miraban en silencio, no conocía a nadie y no me había quedado con sus nombres. Pero lo cierto es que nunca imaginé cuanto me iban a influir las personas que tenía a mi lado y cuanto lo haría yo en ellas.
Mentiría si dijese que fue un flechazo a primera vista y que solo me fije en ellos dos cuando levanté la cabeza ese día, pero la verdad es que son los únicos que merece la pena que os describa. Una chica de pelo negro y los ojos más azules que había visto en mi vida me miraba fijamente con extrañeza e intriga, no había nada amenazante en sus ojos era como si sintiese curiosidad. Me sonrió, era una fina línea casi imperceptible como si la situación le hiciera gracia. Yo también sonreí y pronto estábamos las dos aguantándonos las carcajadas, que estallaron en toda la mesa. No supe en ese momento que Jane se convertiría en mi mejor amiga, o lo que se conoce en Slytherin por amistad. La verdad creo que se me acercó en un momento porque le parecí curiosa y no me vio como todos, una amenaza sino una aliada. Jane es una chica egocéntrica y creo que quería apuntarse el mérito de haberse ganado la amistad de la hija del chico-que-vivió. A mi sinceramente me vino de lujo y ella me parecía extremadamente inteligente y sofisticada, aunque solamente era una niñata que se intentaba hacer la mayor. Adrian vino después, la verdad no sé en qué punto, creo que fue la primera semana se acercó a nosotras con su sonrisa que le ocupaba toda la cara y las manos en los bolsillos. La verdad, Adrian Purcey es el chico menos Slytherin que conozco, es demasiado bueno e inocente. Tiene el pelo rubio desordenado, aunque con el tiempo aprendió a usar el peine y siempre ha sido muy flacucho. Es uno de los mayores fanáticos de quiddicht de todos los tiempos y eso que a mitad de mi familia le encanta ese deporte. Creo que se acercó a nosotras porque Jane le gustaba, ¿o era su apellido? Purcey puede que sea bueno pero también es estúpido, tiene los prejuicios de sangre grabados a fuego aunque no es mal tipo. Aunque le dejamos que se juntara con nosotras porque ambas coincidimos que un chico en el grupo daba caché.
Cómo terminamos juntos es un misterio, aunque me gusta pensar que es porque éramos los más interesantes, inteligentes y prometedores alumnos de nuestra casa. Tampoco es que pueda decir que haya muchos alumnos prometedores en mi curso, creo que me deje influenciar demasiado por Jane (y sus opiniones de que el resto del mundo es una mierda) pero la verdad los veía a todos estúpidos. Eran cuatro chicas y tres chicos, la verdad en Slytherin después de la guerra se volvió muy impopular e iban muy pocos alumnos, no saben lo que se pierden
. Las dos chicas hicieron piña enseguida Penny Flint (una chica fea y alta la verdad) y Cassiopea Snowyowl (era una chica de pelo castaño y lacio, aparte de dientes separados). Dos chicas que nos miraban por encima del hombro y parecían resentidas con el mundo, nosotras creíamos que nos envidaban porque eran feas (suena cruel pero era verdad). Los chicos eran dos gemelos Hector y Edmund Winickus (unos gemelos de pelo caoba y ojos entre verdoso y marrón, dependiendo de quién los mire) eran un poco repipis y siempre andaban juntos. La verdad, les caí mal desde el primer momento. Los cuatro hicieron un grupito compacto que se dedicaba a mirarnos por encima del hombro mientras que nosotros nos dedicábamos a ignorarlos y reírnos a sus espaldas. Nunca discutimos entre nosotros demasiado y nadie fuera de la casa sabía de estas peleas. Creo que una de las virtudes de Slytherin es que si hay problemas entre la casa se quedan dentro.
Esa fue la noche que comencé mi tortuoso camino por la senda de Slytherin, la verdad es que fue difícil. El camino estaba lleno de tortuosos baches: el primero y más gordo fue aguantar a mi familia y a sentirme que era mucho menos que los demás, el segundo fue aprender que todos esos comentarios hirientes no eran verdad y el tercero fue crear esa especie de coraza que tienen la mayoría de los Slytherins que ayuda a ocultar tus sentimientos. Aunque en realidad fue genial, puede que me estuviera metiendo en la boca del lobo y que en estos años cometiera las locuras más gordas de mi vida pero fui feliz.
Vale suena todo desmesuradamente exagerado, como si los Slytherins fueran todos unos monstruos o algo así. La verdad es que es mentira, solo fuimos unos niños estúpidos que se creían los mejores de la escuela y que hacían tonterías. Reímos, rompimos algunas reglas (como todos, que nadie vaya de santito), nos enamoramos (cada uno de su extraña y retorcida manera) y actuamos como lo que éramos y somos, adolescentes. Pero como a todos les encanta añadir un toque oscuro a todas y cada una de las cosas que hacemos a veces es inevitable que nos confundamos y nos creamos diferentes. Sin embargo no nos hacemos las víctimas; y es que llega un día en el que los insultos, los comentarios venenosos y todas esas cosas te hacen más fuerte. Todo ese miedo, recelo y desprecio (muchas veces mal disimulado) hace que te des cuenta que si consigues que no te afecte y eres capaz de seguir mirando a esa gente como lo que es, basura, habrás ganado.
Pues aquí está, no sé yo ni qué es esto. Pero tenía que subirlo, un pequeño comienzo de algo que me gustaría que fuera mucho más grande. Si me veo con la suficiente fuerza de voluntad, lo continuaré, planes ahí para la pequeña Potter. Agradezco cualquier tipo de comentario y ya que estás aquí no te cuesta absolutamente nada decir lo que te ha parecido.
Abrazos virtuales.
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